domingo, 31 de mayo de 2009

LOS PROCESOS DE JERARQUIZACIÓN SOCIAL

Mansen (1988:3) ha considerado que una dinámica característica de la sociedad Wayuu es que sus miembros están esforzándose continuamente para ganar status.15 Los procedimientos socialmente establecidos para el manejo de las querellas constituyen un escenario de generación de status. El status generado en este escenario es, siguiendo a dicho autor, una de las metas de estos procesos de negociación de disputas. Las ofensas pueden ser causantes de dos tipos de perdidas de status: 1) por el ofensor, debido al quebrantamiento de una regla o norma social 2); por la víctima, como resultado de la ofensa realizada contra su persona (Mansen, 1988:6). Los dos tipos de status perdidos buscan ser mantenidos o aumentados durante el proceso de negociación de disputas.
Adicionalmente, los procesos de proyección política de las sociedades nacionales colombiana y venezolana hacia el territorio Guajiro, la aparición de fenómenos como el narcotráfico, la participación en el contrabando, la consecuente urbanización de numerosos grupos familiares indígenas y con ello la importancia creciente de las actividades económicas de tipo occidental, se proyectan en el escenario social y económico de la península promoviendo el surgimiento de nuevos modelos de riqueza basados en estas actividades y estimulando procesos de jerarquización social dentro de la comunidad Wayuu. Así, un clima favorable para la aparición de nuevas disputas es propiciado desde la propia sociedad nacional a través de los intereses de dirigentes políticos, funcionarios o comerciantes quienes buscan identificar y vincularse con los "caciques" o jefes tradicionales despóticos cuyo poder arrastre un gran número de seguidores. Este interlocutor único, -idealizado en la mentalidad de la población no indígena como un ser poderoso y autoritario- poco tiene que ver con los consensuales jefes tradicionales Wayuu, pero, estos tratarán de satisfacer el estereotipo occidental si de ello se desprenden ventajas políticas o económicas (Saler, 1988:116) para lograrlo pueden desconocer e, incluso, enfrentar a algunos de sus propios parientes o a otros grupos familiares con prestigio y precedencia dentro de un determinado territorio.
Son frecuentes también las querellas originadas por el antagonismo que suele darse entre “líderes” innovadores y jefes tradicionales. Los primeros, usualmente bilingües y habitualmente reconocidos como interlocutores por variados miembros de la sociedad nacional son impulsores de los procesos de cambio social. 16 Son ellos los primeros en adoptar y difundir innovaciones tecnológicas occidentales. Los segundos, ordinariamente monolingües, gozan de un gran prestigio en la etnia Wayuu y tienen dentro de ella la mayor parte de sus aliados y seguidores. La convivencia de ambas figuras en la misma patria Wayuu ( woumainpa'a) se mantendrá si los primeros realizan consultas a los segundos y, por tanto, sus actuaciones se ven legitimadas por el poder político tradicional. Cuando la autoridad tradicional es socavada por las actuaciones de los corredores pueden presentarse situaciones de enfrentamiento, en la cual ambos reclutarán partidarios entre sus parientes uterinos más cercanos. No es extraño que los jefes tradicionales pretendan que esta situación culmine con el desplazamiento de la otra facción del territorio en donde se encontraban asentados y que los jefes innovadores intenten manipular a las autoridades civiles y los cuerpos armados del estado en su favor.
Caso 1
En la Serranía de Jalaala17 se encuentra la patria Wayuu de Annerutama'ana18, la cual ha sido ancestralmente habitada por un grupo familiar cuyo hombre más reconocido es Mo'uwasai Uliana quien goza de mucho prestigio entre todos los grupos familiares asentados en esa parte de la península. Mo'uwasai corresponde al arquetipo de un jefe tradicional Wayuu. Monolingüe, apegado a las reglas tradicionales, tiene fama de ser valiente y de tener un rebaño considerable de cabras y ovejas, posee también ganado vacuno y algunos caballos.
Dentro del mismo territorio se encuentra su pariente Cesar Epieyuu, en realidad su hijo clasificado puesto que desciende de un varón Uliana de su mismo matrilinaje. Cesar recibe de su padre clasificado apoyo y protección. Este último es un joven con cierta formación occidental, bilingüe, está muy bien relacionado con las autoridades colombianas y aporta un importante caudal de votantes en los periodos electorales. A cambio de ello en Annerutama'ana se construye una escuela y se habilitan nuevas fuentes de agua. También reciben programas gubernamentales de asistencia social gracias a las amistades políticas de Cesar. El prestigio de éste aumenta entre los miembros de la sociedad nacional y entre sus parientes y vecinos Wayuu. Su casa siempre es visitada por criollos e indígenas. Muchos de los Wayuu ya no se dirigen a Mo'uwasai para obtener un favor y éste ve su liderazgo tradicional amenazado por la creciente influencia de su pariente más joven. Poco a poco se hará notoria la creciente tensión que existe entre ambos.
En cierta ocasión, durante una fiesta tradicional, un hermano de Mo'uwasai departe en la ranchería de Cesar con un pariente uterino de éste llamado Romelio Epieyuu. El consumo del rudimentario licor llamado chirrrinchi se extiende durante tres días y, finalmente, el primero de ellos decide retornar hasta su vivienda. El intenso estado de ebriedad le hace caer dormido al descampado en donde el sol inclemente del desierto abrasa su cuerpo durante horas. Al otro día su cadáver es encontrado por sus parientes uterinos quienes no se explican la causa de su muerte. Para probar la inocencia de sus parientes, Cesar Epieyuu logra persuadirles de la necesidad de llevar el cuerpo a los médicos del Hospital de Uribia, situado a más de tres horas de allí. El diagnóstico es claro: la muerte se produjo por deshidratación. Este dictamen médico no convence del todo a Mo'uwasai, que conoce de las buenas relaciones de Cesar con los alijuna, pero le impide hallar una razón clara para culparle de la muerte de su hermano. Las mujeres de la familia de Mo'uwasai murmuran que su pariente fue envenenado o muerto a través de conjuros por parte de los parientes de Cesar.
Debido a la situación de antagonismo surgida entre los Epieyuu y los Uliana, Cesar debe trasladarse con sus parientes uterinos a una colina situada a dos kilómetros de Annerutama'ana. La escuela y sus antiguas viviendas son abandonadas, pero los dos grupos familiares deberán abastecerse de un mismo pozo de agua. El trágico incidente ha afectado la vida de todo el grupo familiar de Cesar y en mayor grado a su pariente Romelio Epieyuu. Cuando éste se embriaga advierte irónicamente a sus contertulios “tengan cuidado conmigo pues todo el que me acompaña a tomar licor encuentra la muerte”. El desafortunado comentario llega a oídos de Mo'uwasai quien ve confirmada así sus sospechas y las de sus parientes en el sentido de que su hermano murió por causa de los Epieyuu. Pasados varios días, Romelio muere a manos de los Uliana y la guerra entre los dos grupos familiares se declara abierta. Meses después un pariente uterino de Mo'uwasai también es muerto por los parientes uterinos de Cesar Mo'uwasai decide tomar directamente numerosos animales de los rebaños de los Epieyuu de Annerutama'ana como indemnización por el daño causado de acuerdo con el protocolo tradicional (asiruusü mürüt). El conflicto ha afectado a estos últimos y a su jefe, Cesar, más que a los Uliana, pues, el primero ha tenido que reconstruir todo su asentamiento y se le dificulta ahora desplazarse constantemente a los centros urbanos para sus gestiones oficiales y negocios, en tanto que la gente de Mo'uwasai se encuentra en su medio tradicional y sólo los hombres en edad de combatir se han replegado a los cerros cercanos.
Enteradas las autoridades locales de la contienda y de la toma de los animales de los Epieyuu, consideran esta ultima acción un robo descarado y deciden intervenir a favor de Cesar enviando un pelotón de policías antinarcóticos que debe capturar al bárbaro Mo'uwasai. El jefe tradicional, conocedor del terreno, sitúa a decenas de sus hombres con rifles en sitios estratégicos y hace replegar a tiros a los Policías. Cesar Epieyuu acude entonces a las autoridades regionales y solicita la intervención de la Secretaría de Asuntos Indígenas de La Guajira, la cual envía un grupo de funcionarios con una intérprete Wayuu. Mo'uwasai airado les recibe, pero, no acepta su mediación en el conflicto y les da una hora para retirarse de su territorio pues de lo contrario no se hará responsable de su integridad física. La reputación de Annerutama'ana como zona de violencia se extiende entre las autoridades civiles y de Policía.
En respuesta a la intervención parcializada de las autoridades colombianas, Mo'uwasai busca apoyo entre otros grupos familiares Wayuu pertenecientes al clan Uliana con los cuales no tiene aparentes nexos de consanguinidad. Ofrece reforzar con hombres las luchas que aquellos tengan con otras familias indígenas y espera, por consiguiente, la misma reciprocidad. De esta manera, se supo que envió varios de sus hombres a los indígenas Uliana de la zona de Jetsü'ülü y se vio a estos últimos patrullar armados con los parientes de Mo'uwasai en la región de Annerutama'ana. El 31 de diciembre de ese año Mo'uwasai decide intensificar la guerra. Conocedor de que este día es importante en el calendario alijuna y de que muchos Wayuu influidos por este rito occidental ofrecen una comida de fin de año convida a sus parientes uterinos a “cenar”19 a algunos de sus enemigos. Así en las horas de la madrugada del primer día de enero la gente de Mo'uwasai da muerte al desprevenido tío materno de Cesar Epieyuu.
La tensión vuelve a apoderarse de la zona. Los ranchos de los grupos enfrentados son visibles desde las colinas en donde se encuentran asentados. Un valle de más de dos kilómetros se extiende entre ambos grupos como tierra de nadie. Hombres armados de fusiles y equipados con binoculares espían los movimientos de los vehículos que entran y salen del territorio enemigo. Los familiares paternos (o'upayuu) del tío de Cesar muerto por la familia de Mo'uwasai, envían un palabrero a este para solicitar compensación material por las lágrimas derramadas al saber la muerte de su hijo (nuwuira no'upayuu). Los Uliana acceden al pago de dicha compensación tradicional para evitar así la ampliación del circulo de aliados de sus adversarios. Ocho meses después, Cesar acude nuevamente a la Secretaria de Asuntos Indígenas para solicitar su intervención oficial pues teme que continúen las hostilidades. Se sabe que Mo'uwasai ha dicho que no descansará hasta expulsarlo de su territorio en donde ha construido una nueva escuela, viviendas y reservorios de agua. Mo'uwasai también está preocupado. Se percata de los movimientos de su adversario y percibe que estos pueden traer a los miembros de los cuerpos armados colombianos de vuelta a su territorio. Por ello envía emisarios a las autoridades civiles de Riohacha para manifestar su disposición a hablar sobre el conflicto. El jefe de dicha dependencia es nuevo en el cargo, pero es también Wayuu y pertenece al clan Uliana, aunque no tiene nexos de consanguinidad con Mo'uwasai, al cual conoce solo de oídas, este adopta una actitud conciliadora y le da al funcionario un trato deferente llamándole, con arreglo al protocolo Wayuu, con el termino tasipu : sobrino.
Luego de cuidadosos contactos por separado del funcionario con los jefes de las partes en pugna y sus respectivos parientes uterinos reconstruye la historia del conflicto y logra que ambos otorguen su palabra de no tomar la iniciativa en nuevas acciones armadas, aceptan posponer cualquier solicitud de compensación material por las muertes ocurridas hacia el futuro cuando los ánimos hayan bajado e inician una tregua en sus ataques que se mantiene hasta hoy.
EL QUEBRANTAMIENTO DE NORMAS SOCIALES
Homicidios
Una variedad de riñas aparentemente superficiales, pero que culminan en graves enfrentamientos interfamiliares, suele darse en los distintos eventos sociales Wayuu como son las prácticas de tiro al blanco, fiestas, herrajes del ganado y carreras de caballos. El consumo de alcohol actúa como detonante que permite la exteriorización de tensiones sociales y psicológicas acumuladas (Perrin, 1985:93). Un insulto, un golpe en el rostro, la mención de una persona fallecida, la derrota en una competencia ecuestre o en practicas de tiro, el recordar la muerte impune de parientes de una persona o el adulterio de una mujer, con el fin de resaltar la cobardía del otro, pueden llevar a trifulcas que conllevan numerosas muertes. En muchos casos el quebrantamiento de una norma social puede en realidad encubrir antagonismos latentes relacionados con la competencia por obtener control territorial dentro de un arrea determinada. Acciones de hostigamiento entre grupos familiares Wayuu pueden buscar el reafirmar, reformular o romper las relaciones existentes entre dos unidades sociales y medir su predominio político en la zona en donde ambos se encuentran. Esta situación puede conducir a acuerdos dentro del protocolo tradicional, una vez que la causa de controversia haya sido removida, o a enfrentamientos armados que suelen culminan en el desalojo del territorio de una de las partes enfrentadas.

Caso 2
En el asentamiento indígena de Tapalajin, situado en el centro de la península, conviven los miembros de un matrilinaje Wayuu perteneciente al clan Iipuana. El miembro de esta unidad social y política Wayuu de mayor prestigio se llama Kemeranta Iipuana. En ese territorio se encuentran varios vecindarios indígenas. En una de las pequeñas colinas que rodean a Tapalajin reside su pariente uterino Pablo Iipuana. Este es el hombre más destacado de esa pequeña ranchería. En contraste, el vecindario en donde vive Kemeranta Iipuana puede considerarse el más importante de toda la zona. Allí se localizan las fuentes de agua y se halla cerca el cementerio del grupo familiar. También se encuentra la vivienda de su cuñado Angel González, hermano de la mujer de Kemeranta, miembro del clan Iipuana, pero perteneciente a una linaje diferente cuyo territorio tradicional se encuentra cerca de la frontera con Venezuela. Angel, es un hombre manso y trabajador que posee el único vehículo de transporte de la zona, el cual se desplaza semanalmente a la ciudad de Maracaibo llevando y trayendo personas, cabras, comestibles y otros productos. Adicionalmente, Angel es dueño de un camión que destina al transporte de gasolina venezolana, posee también una tienda y varias cabezas de ganado vacuno. Las relaciones de éste con su cuñado Kemeranta son muy buenas.
Joseíto Iipuana es pariente uterino de Pablo y de Kemeranta. Es hijo de una hermana de la madre de Kemeranta, y, por tanto, hermano clasificado de este. No obstante, Joseíto es más cercano a Pablo en términos generacionales como afectivos. Las relaciones entre aquel y Kemeranta se han tornado conflictivas. Joseíto actúa como una rueda suelta en el grupo familiar extenso y ha ocasionado heridas y muertes a otros indígenas que han debido ser compensadas materialmente por sus parientes uterinos. Kemeranta disgustado por sus fechorías decide no apoyarle en sus problemas y Pablo asume las responsabilidades económicas que ocasionan las posteriores acciones de Joseíto. Este no oculta su animadversión hacia su hermano clasificado y hacia el cuñado de este, Angel, quien prospera en el territorio tradicional de la familia.
Tiempo después, durante una parranda, Joseíto da muerte a un hijo de Kemeranta Iipuana y huye de la región hacia la serranía de Cocinas. El occiso es hijo de la hermana de Angel González y la compensación económica debe ser solicitada por éste como su tío materno más representativo y cercano, pero el autor del homicidio es también hermano clasificado de su cuñado en el sistema de parentesco Wayuu. El drama de Kemeranta parece no tener una salida. Por un lado debe solicitar compensación económica por la muerte de su hijo y por otro lado ¿a quien solicitar la compensación económica por las acciones de Joseíto siendo el mismo la cabeza visible del grupo familiar del agresor? Kemeranta debe actuar pronto porque si se prolonga su indecisión los parientes uterinos de Angel González, que son, por consiguiente, los parientes uterinos (nüpüshi) de la víctima, solicitarán el pago por la muerte de su hijo y sobre él y sus parientes uterinos recaerá la responsabilidad de aportar sus bienes para cumplir con esa obligación.
En la madrugada Kemeranta llama a su cuñado Angel y le habla con tono solemne, pero lleno de afecto, expresándole cuanto dolor le ha causado la muerte de su propio hijo, al cual vio crecer y protegió desde niño. También resalta como Angel se estableció entre ellos comportándose correctamente como esposo, padre y cuñado durante años y ganando para sí el respeto y consideración de sus afines. Le reitera que cuenta con el pleno apoyo de estos y le dice que en su condición de tío materno de la víctima Ángel tiene la prioridad para solicitar compensación económica por la muerte de su sobrino y le autoriza para que incluya en su petición el pago de lágrimas que como padre le correspondería por la muerte de su hijo. Kemeranta le recuerda como Pablo Iipuana ha salido responsable por las acciones de Joseíto contra otras personas en el pasado y le sugiere enviarle un palabrero para transmitir su reclamación.
Cuando el palabrero transmite las reclamaciones de Angel y Kemeranta a Pablo Iipuana, éste rechaza rotundamente la responsabilidad de asumir el pago de las acciones de Joseito. Recuerda como Kemeranta tiene un grado de parentesco más cercano al autor material de la muerte y considera dicha sugerencia un ardid para eludir la responsabilidad jurídica y económica de Kemeranta por las acciones de su hermano clasificado. Ante la negativa de Pablo, los familiares de Angel González se alían con Kemeranta y sobreviene el enfrentamiento armado con la facción de los Iipuana encabezada por Pablo y apoyada por Joseito Iipuana con resultado de varias personas muertas en ambos bandos, perdida de animales y destrucción de algunas tumbas de los parientes de Kemeranta. Infructuosamente la Secretaria de Asuntos Indígenas interviene para obtener el cese de las hostilidades.
Dos años después Joseito muere en la Serranía de Cocinas en un ataque de otros indígenas pertenecientes al clan Uliana con los cuales tenia una enconada enemistad. Al desaparecer éste, se remueve igualmente la causa principal de la discordia y los grupos familiares encabezados por Pablo y Kemeranta cesan las hostilidades. Ambas parcialidades entregan y reciben de sus antiguos adversarios compensaciones económicas por las muertes ocurridas en el pasado y, al efectuar él ultimo pago, se reúnen los hombres del grupo alrededor de varias cajas de licor y departen amistosamente. Actualmente conviven en paz.
El hurto de ganado
El hurto de ganado adquiere cada vez más importancia como causa de enfrentamiento entre las distintas unidades familiares indígenas. A ello pueden contribuir la apertura de carreteras hacia los centros urbanos, la crisis evidente de la economía tradicional Wayuu, y el debilitamiento de los mecanismos tradicionales de control social. Esta practica se encuentra, sin embargo, estigmatizada en el seno de la comunidad Wayuu puesto que si se comprueba que un individuo ha tomado animales ajenos deberá devolver a su dueño un número muy superior al de las cabras o reses hurtadas. Es poco probable que estas acciones, cuando tienen como fin el provecho económico de un individuo, provengan de individuos pertenecientes a grupos familiares prestigiosos o que se encuentren en una situación de equilibrio social y económico con el grupo afectado y, por el contrario, correspondan a personas de menor status social cuyo prestigio se verá poco afectado si son descubiertos. En algunos casos el hurto de ganado encubre tensiones sociales más profundas y busca realmente provocar un enfrentamiento armado u hostigar a un grupo familiar de reciente asentamiento en una zona para forzar su retiro de dicho territorio.
Caso 3
Petsa'i20 Uliana es un hombre Wayuu de prestigio que reside en el territorio de Manuyaalu'u, en la zona de Carrizal dedicado a sus labores tradicionales de pastoreo, la cual ha combinado en ocasiones con la explotación de una charca de sal. Lleva dos días buscando seis de sus ovejas que desaparecieron de sus zonas de pasturaje y cuyas huellas ha seguido hasta un lugar cercano en donde hay evidencias de que fueron subidas a un vehículo probablemente con rumbo a un centro urbano de la península.
Al día siguiente se levanta muy temprano y se dirige al mercado indígena de Las Pulgas, situado en la entrada de Uribia en la Guajira colombiana, lugar en donde se expenden carne de res, cabra y oveja y también se venden animales en pie. No tarda en reconocer a sus ovinos que aún no han sido sacrificados. Sorprendido, el ladrón, un indígena del clan Püshaina, ofrece devolverle estos inmediatamente. Con mucha serenidad Petsa'i le responde que ya que se ha tomado tantas molestias en traerlos hasta allí para venderlos debe proceder a efectuar la transacción, pues, seria difícil y oneroso conseguir un vehículo para transportar sus ovejas hasta sus corrales situados a más de treinta kilómetros de ese lugar.
El anciano retorna hasta su vivienda sin el dinero y sin sus ovejas, pero, ha logrado obtener algo más importante que la mera recuperación física de estos, ha identificado al ladrón y en consecuencia al grupo familiar al cual este pertenece. En los días siguientes Petsa'i solicita al tío materno de aquel una compensación material por la afrenta que le ha sido hecha. Ha recordado la angustia vivida por la pérdida de sus preciados animales y los esfuerzos realizados en su recuperación. Solicita que se le devuelvan seis ovejas por cada una de las que le fueron hurtadas. Petsa'i es conocido entre sus vecinos y parientes por su carácter quisquilloso y siempre dispuesto a la lucha. Goza del respeto de los miembros de su grupo familiar extenso y del apoyo de sus hijos varones. Una vez sopesada las distintas opciones de acción los parientes uterinos del ladrón entregan sin regatear la compensación económica solicitada.
MOVILIZACIÓN DE LOS INDIVIDUOS EN LAS DISPUTAS
La agresión o afrenta a un individuo Wayuu desencadena un estado de tensión social que bien puede culminar en la obtención de una compensación económica y consecuente acuerdo entre las partes enfrentadas, o en un prolongado enfrentamiento armado. Las unidades sociales y políticas involucradas inician el tránsito de un estado de tranquilidad, durante la cual la vida cotidiana del grupo transcurre alrededor de la coordinación de las tareas sociales y económicas habituales, hacia un estado de preparación de los individuos para el conflicto. Ese proceso de transición, denominado por Wallace (1967:50) estado de movilización, comprende la liberación de estímulos de tipo emotivo como el manejo racionalizado de sistemas simbólicos que buscan mantener la cohesión del grupo familiar y elevar la motivación de los individuos frente a las acciones que hayan de desarrollarse en el futuro.
LA INVESTIGACIÓN DE LOS HECHOS
La ocurrencia de un homicidio cuyo autor se ignora o el hurto de algunos animales por personas desconocidas, lleva al grupo familiar afectado a realizar una minuciosa investigación de los hechos. En el primer caso se indaga acerca de los eventos sucedidos en las últimas horas de la persona fallecida. Se busca establecer quienes acompañaban a la víctima cuando ocurrió su muerte. Se precisa también el nombre de los habitantes de la vivienda o del lugar en donde ocurrieron los hechos, hasta efectuar una clara reconstrucción de estos y de los posibles motivos que llevaron a este suceso. Este es un proceso cuidadoso, pues, los Wayuu evitan, hasta donde sea posible, culpar a una persona de manera precipitada dado que ello puede volverse en su contra si se demuestra su error y entonces se verán obligados a otorgar una compensación material a los familiares del individuo injustamente acusado.
El identificar a todas las personas que estuvieron conectadas directa o indirectamente con los hechos permite establecer a que grupos familiares se les exigirá compensación económica, pues proporcionar una cabalgadura o un vaso de agua a un homicida en fuga, aunque se ignore que éste haya cometido esa acción, conlleva una responsabilidad jurídica que debe ser subsanada mediante la entrega del pago solicitado por los parientes uterinos de la víctima. La habilidad extrema de los indígenas en el rastreo de huellas de hombres y animales, debido a una experiencia de siglos en la actividad pastoril, sirve sobremanera para la averiguación de lo sucedido y ello ha permitido frecuentemente la identificación de un homicida o la recuperación de animales hurtados. Todos los miembros de la familia se encuentran prestos a obtener noticias que contribuyan al esclarecimiento de lo ocurrido. Saben que una información valiosa puede provenir de la incontinencia verbal de una mujer lenguaraz o de la excitación alcohólica de un testigo y aún del propio autor de los hechos.
Una vez identificado el responsable o los responsables de quebrantar una norma social se establece en consecuencia el grupo familiar al cual pertenece. Saler (1986:56) sostiene que los Wayuu reconocen a las personas como seres autónomos que tienen derechos, responsabilidades y un valor social, pero de manera significativa el individuo es visto como miembro de un grupo definido de parientes. El manejo de genealogías del propio linaje como de grupos familiares circunvecinos o prestigiosos, tan arraigado entre los indígenas desde temprana edad, permite ubicar al autor de la agresión en un nítido plano de coordenadas sociales. El conocimiento de las personas que tienen la jefatura política dentro del grupo agresor y el proceder de estos en situaciones similares frente a otros grupos familiares indígenas, los posibles nexos de consanguinidad o afinidad con el grupo en mención, así como el matiz de las interacciones humanas habidas en el pasado contribuyen a evaluar las posibilidades de llegar a un acuerdo dentro del protocolo tradicional o de prepararse para el enfrentamiento armado.
EL CONSENSO DEL GRUPO FAMILIAR EXTENSO ANTE LAS DISTINTAS OPCIONES DE ACCIÓN
Al contrario de lo que comúnmente creen los miembros de la sociedad nacional el manejo que los Wayuu hacen de sus disputas se parece muy poco a la llamada “ley del talión”. Cuando un grupo familiar se ve ofendido por la agresión física o la afrenta a uno de sus miembros, sus parientes uterinos suelen ponderar cuidadosamente sus fuerzas y las del grupo agresor evaluando fríamente las consecuencias de las distintas opciones de acción. De acuerdo con Saler21 (1988:116) estas pueden ser tres: a) abstenerse de culpar a alguien o de tomar medidas contra persona alguna; b) tratar de vengarse en forma sangrienta de la persona responsable o de sus parientes uterinos cercanos; c) exigir compensación material.
Es posible que luego de este frío calculo un grupo familiar se decida por aquella opción que restablezca su dignidad en el escenario social Wayuu con el menor costo en vidas y en recursos teniendo en cuenta el poder potencial22 del oponente. Por ello si el grupo agresor dispone de mayores recursos que el ofendido o ambos se hallan en una situación de equilibrio en recursos humanos y armas es probable que se vean inclinados a negociar. Si, por el contrario, los agresores rechazan la posibilidad de compensar materialmente la falta cometida puede sobrevenir el enfrentamiento armado. Saler (1986:55) considera que existen cuatro situaciones en las que los Wayuu tienden a decidirse a favor de la venganza: 1) cuando una ofensa seria es la última de una sucesión de graves ofensas por parte de la misma gente; 2) cuando la ofensa misma o las circunstancias asociadas a ella mueven sus pasiones a un grado excepcional; 3) cuando los enemigos son débiles y no pueden pagar una compensación; 4) cuando la venganza sangrienta es una estrategia calculada para sacar a sus enemigos de sus tierras o para quitarles otros recursos.
La decisión a seguir no es tomada aisladamente por los jefes tradicionales Wayuu. Estos consultan a sus hermanos biológicos y clasificados así como a sus sobrinos y a otros parientes uterinos cercanos. La opinión de las mujeres también es tenida en cuenta, pues, algunas de ellas, pueden ejercer gran influencia en las decisiones de sus hermanos o de sus tíos maternos a los cuales en ocasiones pueden reprender afectuosamente. Los hombres jóvenes pueden también expresar sus opiniones sobre el camino a seguir, pero esta será evaluada cuidadosamente por sus mayores dado que cuando aquellos son impetuosos sus voces se unen a las de algunas mujeres intolerantes y frecuentemente se inclinan por acometer a los miembros del grupo agresor. Las circunstancias especificas que rodeen los hechos van a influir también en el camino a seguir, pues la indignación por la muerte o las heridas causadas a unos de sus miembros puede provocar una reacción inmediata que les lleva a "actuar en caliente" tomando venganza inmediata de la agresión recibida (Perrin, 1985:102). Algunos jóvenes pueden también actuar precipitadamente y echar por tierra planes cuidadosamente calculados por sus mayores.
Saler (1988:78) ha observado como en las comunidades Wayuu ciertos comportamientos no aparecen como la expresión rutinaria de normas de conductas ideales, sino como el producto de la conjunción de unos cuantos principios generales y de variables y poderosas circunstancias existenciales que pesan sobre las decisiones tomadas las cuales se enmarcan en una lógica situacional muy rica. 23 En determinados casos, un grupo familiar puede abstenerse de solicitar compensación económica a través de un intermediario por la agresión o afrenta a uno de sus miembros y sus integrantes pueden optar por tomar del corral del grupo familiar agresor la cantidad de animales que consideran una indemnización apropiada. A este procedimiento se le llama en Wayuunaiki: asiruusü mürüt y en español se le designa con el término "aparte"24. Tal acción se sitúa más cerca de la guerra que de la conciliación, pero no cierra el camino a un posterior acuerdo puesto que los animales tomados en "aparte" pueden ser considerados como la base para una justa indemnización o aún exceder ésta, ante lo cual se podría devolver al grupo agresor parte de los animales secuestrados. Otros grupos familiares pueden negarse a otorgar la compensación material exigida conscientes de su superioridad numérica en hombres, armas y en recursos sobre el grupo familiar agredido creando así nuevas fuentes de tensión y hostilidad que pueden incubar futuras retaliaciones.
LA ELECCIÓN DEL INTERMEDIARIO O PÜTCHIPÜ'Ü
En la mayor parte de los casos observados se opta por el envío de un intermediario que solicite la compensación económica acorde con el status social del grupo afectado. La elección de este intermediario denominado pütchipü'ü o "palabrero" será sumamente cuidadosa cuando se trata de un caso grave de muerte o derramamiento de sangre, pues la persona escogida no debe ser, en sentido ideal, pariente cercano de los grupos afectados aunque puede tener nexos de afinidad con algunos de ellos. Consideraciones importantes en su selección son el prestigio de dicho palabrero en la solución de otros casos en el pasado como su posible ascendencia sobre el grupo agresor.
El palabrero es llamado para recibir la misión de efectuar la reclamación en nombre de todo el grupo de parientes afectados, pero éste tomará en serio su designación sólo si ella proviene del jefe tradicional reconocido o de sus parientes uterinos más representativos. Una vez que el palabrero ha sido informado en detalle de los hechos puede manifestar su aceptación o su rechazo a la misión encomendada. En caso afirmativo pregunta por el monto de la compensación económica solicitada y ultima los detalles correspondientes a su delicada misión. En contadas ocasiones el grupo agresor puede tomar la iniciativa y enviar a su vez otro intermediario para aceptar su responsabilidad y manifestar su voluntad de conciliación. Todos estos eventos se realizan en presencia de los miembros del grupo afectado y aún de sus parientes paternos, vecinos y afines parar garantizar su transparencia y legitimidad.
ASPECTOS MÁGICOS DE LAS DISPUTAS
Los momentos siguientes a la muerte o lesión de un individuo son de extrema tensión para sus parientes uterinos. La autoridad secular de los tíos maternos (alaülaa) se ve transitoriamente relegada por la autoridad ritual de la mujer chamán (ouutsü) que asume un control momentáneo de las acciones del grupo familiar. Esta ordena la celebración de rituales de aspersión a los cuales deben ser sometidos los hombres; exige el sacrificio de algunos animales preciados u otras acciones que se desprenden de su contacto con el mundo sobrenatural a través de los sueños. La carne proveniente de los animales sacrificados no podrá ser consumida por los miembros del grupo y suelen brindarse a vecinos o afines no comprometidos en el conflicto.
Los rituales de aspersión en los cuales se utilizan agua, ron y tabaco buscan preservar de las agresiones físicas de los enemigos a los hombres del matrilinaje, infundirles valor en el combate y contrarrestar el poder de la magia utilizada por el bando contrario. Suelen realizarse en altas horas de la noche colocando a los varones en fila india, semidesnudos y en movimiento. La ouutsü arroja a sus cuerpos totumadas de agua fría y buchadas de ron, al tiempo que lanza conjuros en dirección de la vivienda de los contrarios golpea brazos y pantorrillas para que estas partes del cuerpo se mantengan firmes en los combates. Los nombres de los jefes más destacados del bando enemigo son mencionados con el fin de que depongan el ánimo de hacer daño y se busca que de persistir las intenciones hostiles de los adversarios éstas se vuelvan en su contra. La persona sometida a dicho ritual debe ser encerrada en una habitación durante varios días evitando mantener contacto con otras personas y observará algunas prescripciones relacionadas con la abstinencia de relaciones sexuales y el consumo de ciertos alimentos. En la practica dichos rituales contribuyen a mantener la cohesión social y elevar el ánimo entre los miembros varones del grupo, especialmente entre aquellos sobre los cuales recae la responsabilidad de conducir las negociaciones o los enfrentamientos.
Los procedimientos adivinatorios a partir de la lectura de un tabaco o de un tizón encendido tienen un antiguo arraigo entre los Wayuu y se hallan registrados en las fuentes históricas (Arévalo, 1776; Candelier, 1893). El especialista en este tipo de adivinación es llamado o'ulaküi el cual puede, según la concepción tradicional, confirmar si la fecha acordada para efectuar un ataque es propicia o precisar las reales intenciones de un potencial adversario con el cual se ha soñado.
La protección de los miembros del grupo de parientes uterinos va a provenir en gran medida de los espíritus auxiliares (aseyuu) del ouutsü y de los espíritus tutelares de los ancestros, los cuales se comunican a través de los sueños y se representan en antiguos y pequeños amuletos llamados lanía o "contras" los que son conservados con celo por la persona encargada de su custodia y de proporcionar las ofrendas que estos solicitan periódicamente25. Un tipo de amuleto denominado tünapi es utilizado para adquirir buena puntería con las armas de fuego. Otros denominados jashieepi y kamaralieepi pueden infundir temor a las personas que reciban la palabra y suelen ser usadas por los palabreros beligerantes. Se denomina lania anasüká a la contra que evita que un grupo familiar se vea involucrado en graves querellas y samamata a la que infunde frío al potencial adversario llevándole a deponer una actitud inicialmente agresiva. (Edicto Barroso comunicación personal).
Las “contras” más valoradas por los indígenas son aquellas que presagian a través de sueños o de otras señales la proximidad de una disputa o de un suceso extraordinario. Ellas permiten a los hombres salir indemnes de los combates y provocan la confusión del enemigo. Son consideradas "malas contras" aquellas poseídas por grupos familiares que viven en continuas querellas, pues se cree que los agentes sobrenaturales del amuleto les impulsan de manera fatídica y recurrente al conflicto. Como cada unidad social Wayuu mantiene, al menos, uno de estos amuletos, y puede incluir algunas variaciones en las formas de efectuar sus ritos de protección, el conflicto se anticipa o continua a través de la magia familiar con lo cual se pueden empezar a medir las fuerzas de las unidades sociales real o potencialmente enfrentadas.
LA MUJER EN LAS DISPUTAS INTERFAMILIARES WAYUU
Las mujeres Wayuu pueden jugar un papel importante en el desarrollo de las disputas en que se ve envuelto su grupo familiar. Saler (1988: 118) señala que ellas usualmente dan consejos a sus parientes varones, ayudan a movilizar apoyo, contribuyen con sus bienes al pago de las compensaciones y algunas pueden hablar muy fuerte durante las negociaciones. Las opiniones de las mujeres consideradas prudentes tienen una alta ascendencia sobre sus parientes uterinos varones. Aunque en público muestran un gran respeto hacia sus mayores, ellas pueden, en privado, aconsejar a los hombres impetuosos y reconvenir afectuosamente a sus tíos maternos y hermanos. Un reconocido palabrero atribuía a los consejos de su progenitora el haber dedicado su vida a la intermediación de las disputas Wayuu:
" Cuando era muy joven tenía un abundante rebaño de cabras y ovejas del cual me sentía orgulloso ya que, rápidamente, se multiplicaban. Mi padre era un alijuna 26 de color moreno y mi madre una mujer del clan Epieyuu. Yo había tenido la oportunidad de cursar algunos estudios en Riohacha. Un día descubrí que los hijos de las hermanas de mi madre robaban mis animales. Indignado le dije a ésta -soy un varón que los hijos de tu hermana juzgan débil, les mataré puesto que merman mis riquezas-. Ella nada respondió por lo que pensé que aceptaba mi firme decisión. Después de la media noche mi madre meció firmemente el chinchorro en donde yo dormía profundamente. Me dijo tristemente- ¿por qué te expresas de esa forma? Te envíe a estudiar donde los alijunas para que el conocimiento obtenido de ellos te tornara en un hombre de paz que orientara nuestra familia y en cambio tengo un joven sin juicio. Yo que, a diferencia tuya, jamás he salido de nuestras tierras ancestrales, soy más sensata que tu ¿Cómo osas decir que vas a dar muerte a tus hermanos? Sé que te roban, pero ellos lo hacen porque son jóvenes y nada poseen. ¿De qué sirve la riqueza a un hombre si su familia nada tiene? Los extraños dirán que eres un rico solitario, pues tu familia continuará pobre y esa será la peor debilidad que podrán echarte en cara. Mañana llamarás a tus hermanos, darás a cada uno un buen número de animales para que inicien sus propios rebaños y no volverás a desear ningún mal para ellos.
Así lo hice y jamás volví a perder una cabra. Mi familia prosperó y yo me hice un jefe reconocido entre ellos. De esa experiencia surgió mi deseo de convertirme en palabrero y solucionar las desavenencias de mi gente a través de las palabras y no por la fuerza "(Relato de Manuel Peñaranda o Moroi Epieyuu, entrevista en campo).
Sobre las mujeres recae una gran responsabilidad económica durante los períodos de enfrentamientos armados, pues, la movilidad de los varones se ve restringida por la posibilidad de ataques enemigos. Dado que ellas no tienen estas limitaciones les corresponderá, por tanto, la tarea tradicional de comercializar los excedentes producidos por el grupo familiar en los centros urbanos y contribuir en la búsqueda de recursos adicionales para mantener los gastos que demanda el enfrentamiento armado. Las mujeres no sólo pueden encargarse de satisfacer gran parte de las necesidades básicas del grupo, sino que se preocupan por obtener para sus tíos maternos y hermanos biológicos y clasificados otros artículos de consumo, incluso licor, para evitar que estos se muestren en lugares concurridos en donde serían vulnerables a los ataques de sus adversarios.
Cuando se ha acordado la entrega de una compensación material por las actuaciones de los hombres del grupo, las mujeres se desprenden de sus animales y de sus más preciados collares. Una anciana Wayuu presente en un arreglo tradicional al observar que el palabrero enviado por el grupo reclamante se negaba a recibir los elementos entregados por su familia debido a que exigía un monto mayor, se desprendió de un collar celosamente guardado durante varias generaciones y lo aportó en presencia de los concurrentes, diciendo: " por la tranquilidad de mis varones entrego este collar. Como ves -dijo al palabrero- no quedan ya más adornos en mi cuello que las venas de mi garganta"27.
Al realizar las negociaciones las mujeres deben, de acuerdo con las normas Wayuu, limitarse a escuchar y mantener un comportamiento prudente y discreto. Ellas pueden tener, sin embargo una tácita y relativa licencia para lanzar ironías y expresar argumentos en favor de su grupo familiar lo cual se halla excluido del protocolo masculino. Estas argumentaciones laterales pueden influir sutilmente en las negociaciones al moderar en algunos casos las pretensiones desbordadas del palabrero reclamante aunque este fingirá no haberlas escuchado.28. En muchos casos si alguna de ellas se expresa airadamente ante el intermediario enviado por el bando contrario se le reconviene firmemente para que guarde silencio recalcándole que el manejo de tales situaciones no es asunto femenino.Con frecuencia una mujer mayor y de gran sensatez se expresa en favor de la paz y es cuidadosamente escuchadas por sus parientes masculinos al decir: "No deseamos que nos pase nada a nosotras después de esto, lo digo porque soy mujer y no sé pelear a la par de ustedes y le temo a la muerte y a ser quemada delante de otros." 29
Durante los encuentros armados se evita causar heridas o la muerte a las mujeres, aunque, en ocasiones ha sucedido que algunas han caído al cruzarse durante un encarnizado combate. Ellas pueden recoger información sobre los movimientos del bando contrario y en algunos caso actúan como eficientes espías. Además, recogen a los heridos y cubren con una tela el rostro de los hombres muertos. Solo a ellas corresponde el levantar a los abatidos en una refriega pues, el contacto físico con los cadáveres está vedado a los varones dado que esto les puede quitar el valor necesario para proseguir la lucha. De igual manera, ellas pueden serenamente dar pronta sepultura a los cadáveres de sus parientes uterinos varones luego de un duro enfrentamiento armado con el fin de propiciar una rápida venganza.
ESPECIALISTAS EN LA SOLUCIÓN DE DISPUTAS

La figura que simboliza todo el sistema de compensaciones Wayuu es el pütchipü'ü o palabrero, el cual se asocia en la tradición oral a los pájaros por su despliegue retórico similar al canto de las aves con el cual busca lograr la conciliación de las disputas intraétnicas. Existen diferentes clasificaciones émicas de dichos intermediarios, las cuales se encuentran relacionadas con arquetipos mitológicos, con la gravedad de las disputas que asuman o se derivan del tipo de misión encomendada, ya sean graves casos de sangre, arreglos matrimoniales o el manejo de pequeñas querellas. Finalmente, estas clasificaciones pueden fundamentarse también en el grado de dedicación de un individuo a la función de palabrero.
ORIGEN MÍTICO DE LOS PÜTCHIPÜ'Ü O PALABREROS
El pájaro Utta aparece en distintas narraciones como un gran legislador a quien Ma'leiwa encomendó la clasificación de los Wayuu en clanes y quien dictó las primeras prescripciones en torno a su organización social (Paz Iipuana, 1972:197). Por ello fue premiado con collares30 por el héroe cultural y se le concedió un aspecto majestuoso además del don de la clarividencia y el buen humor. Utta es mencionado en el conjunto mítico Wayuu como el primer palabrero, que luego es sucedido en su oficio por Choochoo, una variedad de pájaro carpintero.
"El pájaro Utta anteriormente era una persona a quien enviaban tras algún caso como el pago de una mujer, de un herido a bala; también era enviado en el caso del cobro de una ofensa o en el caso de una sospecha injustificada, en fin, era enviado para cualquier caso donde fuese necesario arreglar un conflicto.
Utta no pedía collares por todo tipo de pago, solo lo hacía en los casos o hechos de la carne (eirukuu), se pedían por lo general dos ensartas de collares de tu’umá31 y se pedían, además, otros tipos de collares como aquellos llamados karuneeta y kurulaasha. Además de esto se pedía otro tipo de collar antiguo llamado wouwouyaa. También pedía unos collares llamados aliitasii y waliruinyaa. Esto era lo que pedía Utta por los hechos de la carne. De los collares tu’uma solo se pedían dos, pero de los demás se podían pedir más de dos. Cuando Utta era enviado para el arreglo de este tipo de casos, el palo que llevaba en sus manos era de pali’isepai no era delgado sino más bien grueso.
Utta llegaba y decía:
- Ah... aquí me han mandado con este mensaje.
- Ah... si te han mandado debes hacerlo bien, la palabra debe ser llevada de una manera recta, en una sola dirección, no debes ocasionar otro problema, ya que la palabra siempre debe ser bien llevada, por eso esperamos que lo hagas bien, ya que te han mandado hacia nosotros por ser un hombre serio y correcto.
-. Ah... así lo haré- decía Utta.
Utta lo que hacía cuando le entregaban las cosas resultantes del pago, reunía32 a todos los familiares, niños, jóvenes, adultos eran reunidos absolutamente todos, si por alguna casualidad alguien faltaba era esperado.
Los collares no eran recibidos sino hasta que todos estuviesen reunidos pues él recibía en sus manos los collares delante de todos y allí a todos se les pedía opinión. Las mujeres, jóvenes varones y adultos a ver si estaban de acuerdo o que les parecía o si les gustaba.
Entonces los Wayuu respondían:
- Ah... si, estamos de acuerdo, nosotros queremos que se nos pague -.
- Ah... decía Utta, eso era lo que yo quería saber, aquí saco estos collares delante de ustedes para entregárselos.
De pronto Utta dijo. - ¿Cómo quedarán estos collares en mi cuello? ¿será que me llenan el cuello? Comenzó a ponérselos todos uno encima de otro. Luego se los quitó y continuó diciendo: -Ah... Bueno aquí están los collares, todos entran en mi cuello, entonces que se acerque quien los reciba, alguien quien vaya a saber de estos collares.-
Yo soy la persona quien tiene que saber de ellos.- Dijo, la abuela del herido.
Utta respondió a su vez - Aquí están los collares, yo te los contaré: Aquí están dos collares de tu’uma, un collar de corales, un collar de karuneeta, un collar de walirüinyaa, y un collar muy fino llamado wouwouyaa, también te entrego un collar de aliitasii. Bueno, esta es la forma como se hacen los pagos, claro que existen otras cosas de menor valor como el oro ese oro pequeño, pero los mejores son estos, que les he mostrado anteriormente con ello se paga la carne, bueno reciban ustedes esto.
-Ahora yo voy a pedir lo que corresponde a un pago de carne, en animales - dijo Utta. Anteriormente no se pagaba con cabras, se pagaba con vacas o mulas. Los caballos, no eran muchos, eran más numerosas las mulas y las vacas, aunque las mulas son más antiguas que las vacas, estas llegaron mas tarde. Entonces se entregaban las vacas en un numero de diez, todas ellas paridas por el valor de la palabra de Utta, después se daban las mulas pero no daban muchas solo se entregaban dos así como los collares de tu’uma.
Entonces se decía, aquí están las diez vacas paridas que darían un numero de veinte con los hijos. Ahora la forma de pago será la siguiente: se hará un pago tres veces. Al año dijo Utta, después de este pago se les hará otro similar, y por ultimo otro pago con el que se completarán tres pagos pero este último estará constituido por diez burros y cinco vacas. A este pago se le llamará e'rirawaa (verse), el último pago se hace con burros no se dan collares, así se acostumbra a finalizar un pago. Las cinco vacas se entregan por parte de Utta, entonces viene la comilona y lo que se llama erajirawaa33 donde se bebe ishiruunama'a 34wuirüma 35También se comparte la koo’oima'a que es una bebida como el aguardiente, todo eso es para ser bebido por las personas agredidas y el que ocasionó el conflicto es llamado por Utta para que se de la mano con el ofendido, en este evento se dan las manos; entonces con los tragos en la e’rajirawaa 36se concreta la paz. Todo salía muy bien, no quedaba ninguna duda en los arreglos hechos por Utta.
Así sucedía anteriormente ya que Utta era un buen palabrero
.(Contado por el pütchipü'ü, Sarakaana Püshaina)
Algunas narraciones (Pimienta: 1998:18) registran el decrecimiento del prestigio del pájaro Utta como palabrero y su posterior reemplazo por Choochoo, el pájaro carpintero, al cual se le atribuye un carácter beligerante. El término Choochoo es utilizado actualmente por los Wayuu para referirse al intermediario que obtiene el pago de la compensación solicitada a partir de una retórica de la guerra.
"Utta aquel señor serio que estableció el valor, costo o compensación de todas las cosas, se dañó y por eso la bajaron de categoría. Dijeron - vamos a bajar a Utta- y lo bajaron, pero le quedaron los mejores collares en su propiedad, Utta fue reemplazado entonces por Choochoo, el pájaro carpintero. Choochoo comenzó su mandato con palabras fuertes, los Wayuu le tenían miedo a causa de que el alzaba mucho la voz, era muy diferente a Utta. Usaba lania, (amuletos o contras) tenía la llamada Kamaralia. Esta contra hacía temblar a las personas, bastaba que se dijera: allí viene para que los Wayuu temblaran. Cuando hablaba era peor, todos se ponían nerviosos al escuchar su voz, su propia palabra ya era un acontecimiento. Mas, los Wayuu fueron resintiéndose por las palabras de Choochoo, por la forma fuerte en que respondía. Los Wayuu entonces comenzaron también a dar malas respuestas y hasta solicitaron pago por la forma ofensiva en que se dirigía a ellos. Entre las contras que usaba Choochoo estaban el jashieepi y kamaralieepi, por eso era que hasta aquel Wayuu que era fuerte se le ponía la carne de gallina por las palabras de Choochoo, producto de las contras que usaba. Fue así como se inició el cobro por medio de la palabra, pero el primero fue Utta." (contado por Sarakaana Püshaina)
Otros pütchipü'ü, primigenios son Püsichi, el murciélago, y el mono, Juchi, llamado usualmente con el termino Maako.37 Püsichi, era un palabrero que hablaba en la penumbra de la madrugada o al finalizar la tarde para que no se pudiese ver la expresión de su rostro. En contraste, la actuación de Utta era llevada a cabo en la claridad de las primeras horas de la mañana. Los Wayuu actuales suelen dar aquella denominación en primer lugar de manera despectiva a todos los palabreros,38dado que su arribo a un asentamiento coincide frecuentemente con las salidas habituales de dichos animales, en segundo lugar se refieren especialmente a aquellos intermediarios que no son claros en sus argumentos y cuyas intrigas pueden agravar una disputa. Finalmente, Maako es presentado como una persona inmadura e irresponsable que cuando era enviado a transmitir la palabra se quedaba en los caminos distraído en juegos eróticos con las perdices.
"Maako era un Wayuu, no era otra cosa, era un Wayuu juguetón anteriormente. Le gustaba jugar demasiado, jugaba todo lo que se considerara juego entre los Wayuu, como la yonna. No se estaba quieto ni un solo momento. Aunque era buen palabrero, no era serio como lo era Utta, lo mismo le sucedía a Püsichi como palabrero, ellos no se cuidaban, se comportaban como niños.
La historia de Maako para que quedara de esa manera fue así.
Estaban bromeando y jugando en una yonna, Maako aparte de jugar y bromear se burlaba de los pájaros que estaban bailando como las perdices, todos estos animales eran personas anteriormente. Maako los molestaba, les imitaba r por eso se quedó así para siempre burlón y juguetón cuando ocurrió el cambio de su figura.
Una vez hubo una fiesta, a la que Maako asistió, él empezó a molestar y a bromear, entonces las perdices también empezaron a bromear con él. Maako no bailaba derecho sino torcido, las perdices le dijeron:
-¿Por qué te portas como un niño?. ¿Por qué no eres una persona recta si eres un hombre rico? Le dijeron las perdices. Si a nosotras nos pasa algo es por tu culpa, por andar con el desorden en el baile. Una de ellas le dijo a Maako. ¿Qué pasará si yo me pongo a bailar delante de ti, sola?. Tu no me haces falta para bailar y corrió a bailar sola, de pronto dijo: Aquí estoy yo sin parejo, ya se me cayeron los genitales, porque estoy sin parejo, entonces Maako dijo:
-A mí, es a quien le estás diciendo eso. De pronto movió la mano y se encontró con una cola, aunque el antes no tenía cola puesto que era un Wayuu, pero la cola se le apareció de pronto por las palabras de la perdiz: “se me cayeron los genitales”. Esto lo dijo por que le molestó la necedad de Maako y de allí fue de donde se originó que el Maako tuviera cola, por tal razón aunque ellos eran palabreros nunca fueron como Utta." (narrado por el pütchipü'ü, Sarakaana Püshaina)
Los arquetipos anteriormente mencionados funcionan como referentes mitologicos que limitan los desbordamientos de los palabreros y previenen la distorsión del sistema normativo Wayuu en general. En este sentido, se considera conveniente que los intermediarios manejen una ligera dosis de humor al arribar al escenario de la conciliación para distensionar el ambiente, sin llegar a los extremos de comicidad de Maako; se tiene por saludable la prudencia en la conducta del pütchipü'ü, sin que su sigilo se torne tan sospechoso y oscuro como el invisible rostro de Püsichi; y se alaba, por ultimo, la firmeza del palabrero y su respetable figura, pero su mensaje no debe percibirse como una amenaza al bando contrario como solía hacerlo el arrogante Choochoo. Finalmente, aun el persuasivo y prestigioso Utta puede perder su reputación si llega a caer en las tentaciones de la lujuria.
CLASES DE PALABREROS
Cuando una familia extensa Wayuu decide exigir compensación material por el quebrantamiento de una norma social suele recurrir a este intermediario especializado llamado en Wayuunaiki pütchipü'ü, pütche'ejana, o pütche'ejechi, al cual suele designársele en español con el nombre de “palabrero”. El termino pütchipü'ü designa a un auténtico especialista dedicado a la solución de disputas. En contraste, la palabra pütche'ejana tiene un carácter más amplio y en realidad puede referirse a un mensajero, pero el acto de llevar un mensaje es solo una de las funciones del pütchipü'ü, y no abarca la totalidad de estas. El término pütchipü'ü, indica según Jusayu y Olza Zubiri (1988:165) “más dedicación o profesión que pütche'ejechi”. De acuerdo con lo declarado por la mayoría de los informantes entrevistados el termino pütchipala hace alusión al interlocutor del pütchipü'ü, el cual es usualmente el jefe tradicional del grupo familiar hacia quien se dirige la reclamación. Este receptor de la palabra no es, necesariamente, un palabrero reconocido, mas debe ser un hábil orador y tener experiencia en situaciones de conflicto. Muchos palabreros se han iniciado en el oficio desempeñando inicialmente funciones de pütchipala en el seno de su propia familia extensa y ante un brillante desempeño pueden ser solicitados para reclamar compensaciones materiales en nombre de otros grupos familiares involucrados en una disputa.
La existencia de diferentes clases de palabreros es mencionada frecuentemente por los propios especialistas entrevistados. Estos distinguen entre quienes se dedican a casos de sangre y quienes se especializan en los arreglos del precio de la novia. Existen también palabreros menores que concilian pequeñas querellas en los vecindarios indígenas aconsejando a un joven que se embriaga con frecuencia o reconviniendo a una mujer descuidada en las labores del hogar. El palabrero de matrimonio o aquel que solo se limita a cobrar es llamado maünai39 o maünapui, el cual no requiere apelar a elaborados recursos de oratoria para conciliar un conflicto. Según Perrin (1965:95) cuando las partes han acordado la compensación económica el pütchipü'ü se convierte en maünai dedicado a ultimar detalles referidos al tiempo en que se realizaran los pagos.
FORMACIÓN DEL PALABRERO TRADICIONAL
"Aprendemos a través de la observación y la experiencia de la palabra. Es algo que pasa de generación en generación. No se requiere escuela como tienen los alijuna. La palabra se aprende escuchando a los mayores, a los palabreros, a las personas que saben hablar e interpretar un mensaje. Esta se lleva en la mente y en el corazón para luego transmitirlo a las futuras generaciones, de esta manera conservan nuestras costumbres y mantienen el poder de la palabra.
Cuando una persona siente que tiene aptitudes para ser palabrero puede comenzar ya sea por insinuaciones de otra persona mayor, por coraje o por que quiere comprobar si verdaderamente es capaz. Comienza por arreglar problemas sencillos, sigue y va aumentando hasta llegar a arreglar problemas difíciles como los casos de muerte por arma de fuego. Así se llega a ser un palabrero reconocido, de mucha experiencia y el mismo va madurando en su oficio.
Los palabreros aprendemos en nuestro medio, escuchando a otros palabreros, no necesitamos ir a otras partes para adquirir conocimiento. Arreglar los problemas y aconsejar a ambas partes es nuestro oficio, en el aprendemos a callar las ofensas proferidas por algunas de las partes ya que lo que buscamos es la paz de las familias ofendidas" (Isidro Epinayuu, conocido como Chamuuna, palabrero de consejos y disputas menores, vecindario indígena de La Ceibita, Riohacha).
EL PALABRERO COMO INTERMEDIARIO Y COMO MEDIADOR
Entre los distintos especialistas encargados de la solución de las disputas humanas podemos mencionar a los defensores legales, intermediarios, mediadores, mediadores rituales, conciliadores, árbitros y jueces, los cuales pueden ir señalando los distintos grados de autoridad progresiva de cada uno de ellos en las querellas existentes en el seno de las sociedades en donde estos actúan. Para entender el verdadero rol del pütchipü'ü es necesario precisar conceptualmente las diferencias existentes entre estos tipos de especialistas.
Según Gluckman (1978: 226-227), los defensores legales existentes entre los Comanches eran guerreros fuertes de la tribu buscados por los hombres débiles para insistir en su demanda contra un supuesto ofensor; él podía forzar a un demandado a pagar como lo hubiera hecho el demandante si hubiese tenido poder y fuerza. Los intermediarios, existentes en distintas sociedades, se hallan limitados a la transmisión de los reclamos de la parte ofendida y no les está permitido apartarse por su propia voluntad de éstas o proponer soluciones inconsultas. En contraste, los mediadores pueden libremente sugerir soluciones para las partes enfrentadas. Los árbitros que existían entre los indígenas Yurok de Norteamérica podían tornar sus decisiones en obligatorias. No obstante, en reales circunstancias de la vida frente a algunas situaciones especificas un intermediario puede tomar el control de una situación como si él tuviese autoridad para hacerlo y, en otras situaciones, un juez y un arbitro buscarán persuadir a las partes en disputa como si ellos no tuviesen autoridad para hacerlo (Mansen, 1988:54). El conciliador entre los Ifugao puede persuadir, adular, sonsacar, amenazar, forzar, insinuar y hasta reñir para obtener su cometido. Él puede desatender las peticiones de los demandantes en un proceso y apoyar las propuestas de los demandados hasta que se llega a un punto en que las partes puedan avenirse. Entre los Nuer -pueblo de pastores del África- existe una persona llamada el hombre de la tierra el cual puede poner fin a la lucha entre dos partes cavando la tierra entre ellos. Este es catalogado como un mediador ritual, el cual no escuchará ni sopesará las pruebas de las partes en disputa y le es permitido, incluso, amenazar con establecer sanciones sobrenaturales para el bando que se niegue a poner fin al conflicto (Gluckman 1978: 227).
El palabrero Wayuu puede, en sentido estricto, considerarse un intermediario en la medida en que sólo lleva las "palabras" y peticiones de la parte ofendida hasta los agresores y aclara, antes de exponerlas, que no se apartará de lo que le fue encargado transmitir. Saler (1988:117) ha señalado que el palabrero ideal se trata en efecto de un intermediario y no de un mediador, ni de un árbitro, puesto que los mediadores pueden sugerir soluciones y los árbitros pueden transformar sus propuestas en obligatorias para las partes. Empero, según el mismo autor, cuando el palabrero es hábil orador, rico o persona de prestigio, es posible que sea más que un simple intermediario pues la conciencia de su propia importancia puede llevarlo a realizar propuestas concretas que obtengan la terminación de la pugna. Por mi parte, considero que en la medida que el proceso se torna más complejo y se dificulta el acuerdo entre las partes, el palabrero Wayuu abandonará progresivamente su rol de intermediario y asumirá el papel de un auténtico mediador que se esforzará, mediante un despliegue de recursos retóricos, por encontrar una salida pacífica a la querella y evitar el desencadenamiento de un enfrentamiento armado.
LA MUJER COMO PALABRERA
Algunas desavenencias surgidas dentro de los vecindarios indígenas pueden ser conciliadas por mujeres. Estas pueden solicitar incluso el pago de indemnizaciones por faltas leves, sin que ello implique que éstas se desempeñen como auténticos especialistas o pütchipü'ü. Los testimonios sobre su desenvolvimiento como palabreras en el pasado en hechos de sangre son escasos y contradictorios. Varios entrevistados hablaron de mujeres que se comportaban como hombres, portando armas e interviniendo en la solución de graves conflictos, tal es el caso de Blanca Iipuana quien es mencionada en distintas entrevistas como palabrera de la zona de Jalaala y de Kuramarü, mujer de Rapeerü y oriunda de Chimare, quien sabía responder la palabra y asignaba a los miembros de su grupo familiar extenso él numero de animales que debían aportar para reunir la compensación que les era exigida. Estos ejemplos tienden a reafirmar la concepción tradicional de que el papel de pütchipü'ü tiene un marcado carácter masculino.
Recientes procesos de urbanización de la población Wayuu han llevado a que algunas mujeres se desempeñen como reclamantes de indemnizaciones en incidentes graves, especialmente en disputas de carácter interétnico. Catalina Rodríguez Iipuana, ya fallecida, fue considerada por algunos palabreros debido a su temperamento y discurso, como mujer de “palabra caliente". Se destacó en la ciudad de Riohacha durante la segunda mitad del siglo XX como mediadora en disputas surgidas entre los miembros de la etnia Wayuu y los habitantes criollos de ese centro urbano. En épocas más recientes en la sede de la organización indígena Yanama, en Maicao, Rosa Gutiérrez Pana, miembro del clan Epieyuu, de la zona costera de Carrizal se desempeñó como conciliadora en disputas de carácter intraétnico e interétnico. En estos casos, una figura femenina como interlocutora puede suavizar las tensiones entre personas de diferentes culturas y posibilitar un acuerdo dirigido a compensar una muerte en accidente de tránsito o la gravidez de una joven Wayuu por parte de un hombre no indígena.
Las oficinas gubernamentales de Asuntos Indígenas han involucrado recientemente a mujeres encargadas de la solución de las disputas intraétnicas e interétnicas que se resuelven principalmente en medios urbanos. En estas circunstancias las formas de conciliación pueden apartarse frecuentemente del protocolo tradicional y se recurre a figuras jurídicas occidentales como la elaboración de actas de conciliación y la colocación de fianzas para sancionar futuras agresiones.
LOS BENEFICIOS ECONÓMICOS Y SOCIALES DE SER PALABRERO
Los palabreros reciben algunos elementos derivados de la entrega de la compensación que ha solicitado y obtenido en nombre del grupo reclamante. Su pago se toma de los animales u otros elementos recibidos. Usualmente el pütchipü'ü recibe la mejor res o algunas ovejas o cabras en pago de sus servicios, si bien ello va a depender del monto de la compensación entregada. El palabrero ambicioso que no oculta su interés en derivar provecho económico de un arreglo recibe el calificativo de ko’utünashi: glotón.
"El buen palabrero espera a que le pregunten. ¿Cuánto le regalamos mi tío? Y es cuando él pide la cantidad que quiere. El hablar es caro puesto que me someto a la mirada de la gente, que me trasmite malas energías con la fuerza de sus ojos. Cuando llevamos la palabra o cuando hablamos y nos vamos tiran las bancas donde nos hemos sentado, riegan agua sobre nuestras huellas, eso es desearle mal a uno. Lo que a mí me regalan como palabrero, no lo menosprecio, ni me pongo con ambiciones desmesuradas, tras de eso. Mi pago lo calcula el que me manda; ellos hablan entre sí y dicen; es bueno que le demos una buena paga, y como han visto que las cosas han salido bien, yo recibo lo que decidan darme." 40(Ismael Pana, entrevista en terreno)
En la actualidad, es posible entregarle dinero por su desempeño aunque ello es una práctica de reciente introducción. Es en extremo difícil que un palabrero experimentado se enriquezca con los elementos recibidos como pago. El tiempo dedicado a los negocios ajenos le lleva, por el contrario, a abandonar temporalmente los suyos. En realidad el beneficio más importante que recibe por una disputa conciliada es el aumento de su prestigio como tal. Su fama se extenderá entonces por todo el territorio guajiro y a su casa llegarán muchas personas solicitando su intervención en otras querellas. De cada caso conciliado le quedarán nuevas relaciones sociales o reafirmará las antiguas. Los grupos familiares involucrados, reclamante y agresor, pueden agradecerle su intervención y llamarle en futuras disputas. Si, por el contrario, el palabrero fracasa en su empeño, éste precedente será tenido en cuenta y su prestigio puede comenzar a disminuir. Por ello debe reflexionar cuidadosamente sobre la aceptación de la misión encomendada y evaluar sus reales posibilidades de éxito. Para ello tendrá en cuenta la posición social del grupo agresor, la real disponibilidad de bienes de estos, la ascendencia social que pusiese tener sobre aquellos y los precedentes de su comportamiento en otras situaciones conflictivas.
Algunas de las narraciones que nos hablan de arquetipos mitológicos de los especialistas en la solución de disputas tales como Utta, Chocho, Püsichi y Maako muestran como el palabrero no siempre es idealizado en la mentalidad tradicional Wayuu. Aun el propio Utta puede ser objeto de criticas por su actuación (Perrin, 1979:194; Pimienta, 1998:18) y es presentado en ciertos relatos como inclinado a la homosexualidad. Él palabrero puede ser objeto también de críticas encubiertas que denigran de su oficio dado que, aunque revestido de prestigio en el modelo ideal de su sociedad, este se encuentra de alguna manera inmerso en el espinoso terreno de las competencias políticas, económicas y sociales de las distintos grupos familiares Wayuu. Por otro lado, la dedicación exclusiva a la solución de los problemas ajenos conlleva en ocasiones el abandono de sus intereses particulares. El palabrero es criticado por su carácter andariego y, en cierto modo, irresponsable con sus propios bienes que le lleva a ausentarse frecuentemente del hogar en tanto que su rebaño se encuentra la mayor parte del tiempo sin pastor.
Algunos palabreros llegan a tener mala reputación como tales, especialmente aquellos que, guiados sólo por su propio interés, no se apegan a la misión encomendada tornando confusa la situación de ambas familias lo que puede ocasionar nuevas agresiones y, por consiguiente, un agravamiento de las hostilidades. En contados casos, cuando su presencia no es deseada, los miembros del grupo familiar que debe efectuar la reparación de una falta lanzan conjuros a su marcha volteando el banco en donde estuvo sentado y arrojando agua y cenizas sobre sus huellas para que no retorne jamás.
LA INDUMENTARIA DEL PALABRERO
La indumentaria de un pütchipü'ü no difiere de la de un alaülaa o jefe tradicional Wayuu: sombrero, camisa occidental, faja y faldón tradicional, calzado guajiro y bastón o Waraarat. Antiguamente usaba el atuendo tradicional de los jefes Wayuu llamado She'in Palajana, el cual era una especie de clámide. Hoy en día algunos palabreros visten a la usanza occidental usando pantalones, calzado de cuero y gafas para el sol. No obstante, la mayoría conserva el atuendo ancestral indígena.
De todos los elementos de la indumentaria de un palabrero es el uso del bastón el que lo caracteriza entre los Wayuu. El llamado waraarat, término con que habitualmente los Wayuu se refieren de manera genérica al bastón del palabrero, es construido a partir de un bejuco que le da el nombre (Paullinia densiflora). Otros bastones usados por los palabreros son el mureena, el pali'isepai y el atachenka. Su uso se encuentra establecido en las antiguas narraciones mitológicas indígenas: "Utta usaba un bastón de pali’isepai que utilizaba para concentrarse y compenetrarse con la tierra donde dibujaba la representación de sus pensamientos........ El verdadero palabrero siempre llevará un palo de pali’isepai."(Sarakaana Püshaina)
El bastón, vehículo de la palabra, cumple distintas funciones que ayudan al palabrero en su oficio. Este es considerado como punto de apoyo del cuerpo e, igualmente, instrumento de apoyo de la memoria, pues en la medida en que expone sus reclamaciones traza figuras en la arena que funcionan como eficaz recurso nemotécnico para expresar de manera ordenada sus argumentos. Por ello, tanto el pütchipü'ü, que lleva la solicitud de compensación, como el pütchipala, quien recibe la palabra, dibujan en la tierra para luego responder uno a uno los alegatos de su contraparte. Este momento del proceso Wayuu recrea el encuentro mitológico entre el pájaro Utta (palabrero primigenio) y Mmá (la tierra) a través del bastón que actúa como simbólico puente entre el mundo sobrenormal del mito y el mundo normal de la vida cotidiana. "El wararaat también lo utilizamos para dibujar en el suelo por que la tierra nos habla con un lenguaje muy especial, ella nos orienta en lo que debemos decir, cada línea lleva el mensaje que nos da la propia tierra. Si no es bien escogida nuestra palabra, hacemos otras líneas en la arena. A medida que reflexionamos sobre nuestras expresiones, gestos y movimientos meditamos sobre cual será el hierro41 o la figura que la tierra quiere para que nos diga la palabra que debemos trasmitir." (Palabrero Moroi Epieyuu o Manuel Peñaranda , entrevista en terreno).
El bastón tiene también una función ilustrativa pues con el se debe mostrar a una persona y se ilustran los pormenores de un caso trazando en el suelo líneas o círculos que representan un cruce de caminos, un corral o una vivienda. El bastón preserva al pütchipü'ü del contacto directo con los miembros del grupo ofensor y garantiza su probidad dado que no es bien visto que se deje manosear de la contraparte o que señale con el dedo a la persona responsable de los hechos o a un testigo presente en el escenario.
Los bastones reflejan también en su dureza la fortaleza del palabrero que le usa para defenderse de los peligros del camino. Este recuerda al auditorio, al tener en una mano los collares y en la otra el duro madero del pali'isepai, que, además de la compensación, la fuerza se hallará siempre presente y será otra vía frecuentemente recorrida para la solución de una disputa. "El pali'isepai se usa para calmar a los locos o personas sin juicio, aquellas que tratan de sublevarse y no dejan que se les dé ningún consejo. El atachenka lo usa el palabrero como defensa por si se encuentra con personas que son irrespetuosas; lo usa entonces para partirle los huesos si es necesario. Finalmente, todos sirven también para espantar a los perros que salen a nuestra llegada". (Müritchon Epieyuu, palabrero de matrimonio)42
Cuando termina de intervenir con buen éxito en una querella, el palabrero y las personas que componen su cortejo reciben alimentos por parte de los miembros del grupo familiar a los que ha llevado la palabra y una vez concluidas las viandas que una joven le ha llevado, el bastón le sirve para limpiar la grasa de cordero de sus manos y su boca acrecentando el brillo de este elemento principal de su indumentaria, con lo cual refleja en el las numerosas disputas que ha solucionado a lo largo de su vida.

EL ESCENARIO DE LA CONCILIACIÓN
Los Wayuu utilizan el término pütchi para referirse de manera genérica a una disputa que es llevada a lo que sería el equivalente a la arena pública en otras sociedades. Los otros grupos familiares indígenas, aunque no se hallen presentes físicamente en el escenario de la conciliación, estarán atentos al desenlace de los hechos. Una de las acepciones del vocablo es la de "palabra" y constituye la raíz de voces ya mencionadas como pütchipü'ü, pütche'ejana, o pütche'ejechi. También puede hacer alusión al proceso en general y en ese sentido un individuo puede afirmar que va a asistir a un pütchi, es decir, a escuchar los argumentos de las partes que intervienen en una querella.
Los escenarios de un arreglo comprenden tanto el lugar en donde se encuentra reunidos los miembros del grupo reclamante, como el asentamiento en el que reside el grupo que debe otorgar la compensación material. En éste se recibe al pütchipü'ü, encargado de solicitar, en nombre de los primeros, la reparación del daño causado. Según la norma ideal los miembros de las partes involucradas en un pütchi originado por una falta grave no deben verse las caras antes de que se haya efectuado la reparación de la falta cometida. En contraste, pequeñas discordias pueden arreglarse directamente y no requieren de la intervención de un palabrero especializado. En los escenarios de una conciliación por un hecho grave intervienen diversas personas con papeles e intereses distintos que representan tanto a las partes involucradas como a algunos grupos familiares ajenos a la querella
Perrin (1985:110) ha observado como el pütchipü'ü puede presentarse como poseedor de una norma objetiva de regulación: la “manera guajira” o Sükua'ipa Wayuu, desarrollada alrededor de la función del palabrero como justicia imparcial. Dentro de esta concepción ancestral, la compensación y no la venganza es la norma ideal de la solución de las disputas. La norma estadística parecería contradecir esta ideología dadas las frecuentes acciones de represalia que se presentan en la península y el número de conflictos no resueltos por la vía de la intermediación. Por mi parte, coincido con Picon (1996:315) en que la venganza es parte integral del sistema de compensación y que estas opciones de acción, lejos de ser excluyentes, tienen una función complementaria. La carencia de instituciones coercitivas como las que prevalecen en las sociedades estatales lleva a que la posibilidad de la represalia, siempre latente, funcione como un factor disuasivo que debe ser tomado en cuenta por quienes no desean llegar a un acuerdo dentro del protocolo tradicional..
INTERLOCUTORES, AUXILIARES Y OYENTES
Cuando el pütchipü'ü se encamina a solicitar una compensación material no marcha solo hacia el lugar en donde residen las personas que van a escuchar su reclamación. Él, parte usualmente acompañado por un reducido séquito de personas que escucharán las palabras que va a transmitir. Los miembros de la comitiva van a cerciorarse de que aquel no se aparte de la misión que le ha sido encomendada y se cumpla fielmente su función inicial de intermediario. Quienes le siguen no son parientes cercanos al grupo reclamante; es probable que tengan nexos de afinidad con estos o sean vecinos de confianza, personas prudentes y de credibilidad que darán fe de las actuaciones del pütchipü'ü. En algunas ocasiones ciertos palabreros se hacen acompañar también de otro pütche'ejechi con menor o igual experiencia, el cual, una vez ha intervenido el palabrero principal, puede reforzar lo dicho por este para contribuir a lograr el arreglo. A este palabrero auxiliar se le conoce con el término sutujuna43 pütchipü'ü o vara de apoyo del palabrero. Todo este cortejo, además de ejercer un control sobre el desenvolvimiento del intermediario, contribuye, además, a darle un carácter solemne a la misión y a mantener elevado el ánimo del palabrero en una tarea que puede ser, en algunos casos, difícil y no exenta de peligros.
En el lugar en donde habitan los parientes del individuo que ha cometido la falta se encuentran el pütchipala, persona encargada de recibir la palabra, quien debe responder en nombre de todo el grupo familiar los argumentos del pütchipü'ü. Este debe ser usualmente el jefe tradicional de la agrupación familiar o, en su defecto, uno de sus miembros más representativos y prestigiosos. Allí también se encuentran, además de los parientes del agresor, los oyentes o aapajüshii, vecinos o afines de estos que pueden ser invitados o llegan voluntariamente a escuchar la palabra del pütchipü'ü, y la respuesta dada a éste. Actúan como testigos potenciales que pueden ser llamados ante cualquier confusión o distorsión de los hechos que se de en el curso del proceso. Su comportamiento debe ser comedido por lo que se invita usualmente a personas de buen juicio con amplio prestigio social.44
Una vez escuchada la respuesta del grupo ofensor el palabrero retornará hasta donde se encuentra reunido el grupo familiar afectado y transmitirá ésta, evitando mencionar cualquier expresión insultante que pueda perturbar el ánimo conciliatorio de quienes le comisionaron. En este sentido Mansen (1988:78) señala que el intermediario Wayuu tiene una relativa libertad de acción sobre el mensaje, dado que puede retocar el contenido, atenuarlo, enfatizarlo y cambiar las partes que considere convenientes para facilitar el arreglo. Solo una de las partes puede enviar representantes con el intermediario: la parte ofendida, pues a los ofensores no le es permitido hacerlo Si quienes le enviaron están de acuerdo con el monto de la compensación ofrecido por la contraparte, se le mandará de nuevo para que ultime la fecha y otros detalles del pago. El palabrero va y viene entre las partes hasta resolver definitivamente el conflicto a través de la entrega de la compensación material solicitada. Dependiendo de las circunstancias que rodeen el caso, este proceso puede tomar días y aún semanas. Si el palabrero no percibe un ánimo conciliatorio entre los miembros del grupo ofensor, pese a sus argumentos retóricos a favor de la concordia entre ambas unidades sociales, podrá comunicarlo a quienes le encargaron el caso sugiriendo incluso el envío de un nuevo intermediario el cual podría contar con razonamientos más eficaces que su predecesor o, lo que es más frecuente, con el ascendiente social requerido sobre los ofensores para conducirles a un arreglo satisfactorio.. El grupo reclamante puede optar también por no enviar a otro palabrero, en cuyo caso sus miembros guardarán un inquietante silencio que con frecuencia indica la preparación de una retaliación sangrienta.
EL DISCURSO DEL PALABRERO

La habilidad oratoria de los palabreros ha sido mencionada frecuentemente en los estudios etnográficos sobre la población Wayuu (Rivera, 1990:118; Perrin 1984:94). Estos utilizan en sus intervenciones un arsenal de recursos retóricos que comúnmente incluyen: la analogía de las disputas humanas con la vida de otros seres de la naturaleza; la cita de precedentes sociales; la mención de normas morales que incluyen el encomio de la vida, la libertad y la paz; y la invitación a la riqueza. La oratoria provee un contexto especifico en el cual es apropiado invocar normas consuetudinarias públicamente entendidas y explicar obligaciones en función de ideales sociales que son raramente mencionados en la interacción cotidiana (Rosaldo 1983:209; citado en Mansen 1988:17).
El intermediario, según Black-Michaud (1978.100-101), provee un canal de comunicación entre las partes hostiles. Al actuar como tal, él aporta un código o lenguaje de compromiso y de paz a través del cual las partes se comunican mientras se elimina el código previo de invectivas agresiones verbales y violencia física. El orador introduce también un considerable volumen de redundancias rituales, argumentos retóricos, repeticiones de palabras, comportamiento formal y gestos acostumbrados, lo cual crea el sentimiento en los participantes de que están actuando por fuera de una situación cotidiana. Todo ello estimula las expectativas de lograr una salida satisfactoria a las negociaciones lo que, a su vez, reduce la animosidad y crea un espíritu de mutua colaboración 45
El palabrero puede, a través de la retórica, crear un animo indulgente en el auditorio para explicar una acción que constituya un gravísimo quebrantamiento de las normas sociales indígenas. De este modo el acceso sexual violento sobre una joven Wayuu por parte de un individuo puede ser explicado como la irreflexiva conducta de un hombre limitado que “malinterpretó unas miradas y le faltaron palabras para enamorar a una mujer”46. A través del estilo solemne de la oratoria el palabrero crea una distancia entre su condición particular de individuo y la identidad social que asume en el momento y presenta ante el auditorio. A diferencia de algunos especialistas existentes en otras culturas, que dedican principalmente sus esfuerzos a aportar o desvirtuar las pruebas que inculpan a un individuo, el pütchipü'ü buscará persuadir a los concurrentes de que a pesar de las dudas sobre la responsabilidad de aquel la mejor salida es otorgar la compensación exigida para que pueda retornarse a un estado de convivencia armoniosa entre los dos grupos involucrados en la disputa. En ciertos casos, donde no existen pruebas contundentes de la culpabilidad de uno de sus miembros, algunos grupos familiares han sido persuadidos a otorgar una compensación sólo para demostrar su apego a la paz convencidos por la brillante argumentación del palabrero.
Usualmente el escenario jurídico es una enramada en la que previamente se ha colocado una hamaca o una banca al palabrero y en donde los hombres más importantes del grupo familiar le esperan. Una joven Wayuu, encargada de atenderle, puede apartar las piedras u otros objetos que se interpongan entre aquel y su auditorio. Los escuálidos perros que se atreviesen a deslucir el solemne momento con su presencia mundana recibirán un bastonazo implacable del palabrero o un golpe de sus anfitriones. Al llegar hasta el sitio en donde se encuentran reunidos los miembros del grupo familiar agresor el palabrero no entra directamente en materia. Este preámbulo obligatorio, dirigido a distensionar el ambiente, incluye generalmente el saludo a los asistentes y su propia presentación, si no es conocido por la concurrencia. A continuación, si llega en la estación seca, hablará necesariamente del tiempo y de la extendida y prolongada sequía que azota el territorio guajiro, o de las intensas lluvias que han caído en la zona de donde proviene, si su visita se realiza en el invierno. Algunos palabreros acostumbran romper la frialdad del auditorio con un apunte humorístico y esperan a que los anfitriones les pregunten primero el motivo de su visita, ante lo cual comienzan su discurso. Al inicio de esté mencionará los nombres de las personas que le enviaron y aclarará que sólo es un mensajero cuyas palabras no se apartarán de lo que le fue encargado transmitir.
Aunque sean muchos los espectadores, formalmente el discurso del pütchipü'ü se dirige a un solo interlocutor: el pütchipala, o persona encargada de recibir la palabra. Sólo a él deberá responder las argumentaciones que haga, e ignorará los comentarios discrepantes de otros individuos, ya sean las desatinadas expresiones de un joven impetuoso o las necias palabras de una mujer pendenciera. Paulatinamente, una vez haya sondeado la habilidad argumentativa y el ánimo de conciliación de su interlocutor, irá desplegando sus facultades retóricas.
La Analogía de las disputas humanas con las de otros seres de la naturaleza

Los palabreros Wayuu no consideran el surgimiento de las disputas como manifestaciones indeseadas de patología social, sino que las consideran eventos cíclicos, inherentes a la vida en comunidad, que nos brindan la oportunidad de recomponer nuestras relaciones sociales. Debido a ello, el prestigio de un intermediario lejos de disminuir aumenta cuando el mismo, y, por consiguiente, su propio grupo familiar, se ha visto envuelto en enfrentamientos de tipo intraétnico. Es el manejo adecuado de dichas disputas dentro de las normas ideales de regulación lo que le permitirá utilizar estas como precedentes sociales que apuntalarán su papel y legitimarán sus consejos con la experiencia adquirida. El conflicto es presentado como parte cotidiana de la naturaleza en el cual los seres vivos se ven ineluctablemente inmersos
"En todas partes se crean los problemas y surgen enemigos.
¿Qué casta hoy no tiene enemigos?
Si hasta los animales los tienen
¿No los tiene también la hormiga aunque pequeña?
Y la culebra, si bien muchos le temen,
¿No tiene acaso quien la ataque?
Todos los pájaros, aunque mansos, ¿no tienen otros seres que les persiguen?
Nosotros, los humanos, no somos la excepción,
aunque no comamos a nuestros adversarios con los dientes.
Escúchame, que he venido desde Riohacha, una tierra lejana hasta tu casa
Y me he alojado en ella sin ser tu pariente,
sin ser familia tuya,
para invitarte a la paz."47
(Palabras de Angel Amaya Uliana, el más prestigios pütchipü'ü Wayuu que aun vive, Tocopa área rural de Riohacha).
La cita de precedentes sociales
Las historias de las querellas interfamiliares deben ser de obligatorio conocimiento para un buen palabrero, tanto si se trata de luchas encarnizadas como de conciliaciones memorables. El pütchipü'ü usará ambas para persuadir a las partes en disputa de la conveniencia de un buen arreglo. Recordará como prósperas familias perdieron sus riquezas y sus mejores hombres en enfrentamientos inútiles. Traerá a colación casos conocidos de sangrientas guerras surgidas por causas baladíes. El desaparecido pütche'ejechi Francisquito Sierra, conocido como Maa'alakiishi,48 acostumbraba citar el caso de una encarnizada y sangrienta enemistad entre familias Wayuu en la frontera con Venezuela surgida por una discusión en torno al cobro de un pasaje cuyo valor era de un bolívar. “El buen palabrero es aquel que va dando la explicación de lo sucedido antes, de las guerras que ocurrieron por lo que no valía la pena, de los horrores que vivieron unas familias por no haber arreglado sus problemas. Entonces, las mujeres de juicio se acercan y les dicen a sus hombres: escuchen lo que él les dice, eso es lo que nosotras queremos, que no haya más desgracias. Así es, como él les dice. Entonces eso le da más fuerza a uno como palabrero”. Estas historias tienen un impacto emotivo en el auditorio, que confirmará su veracidad facilitando así la creación de un ánimo favorable a la conciliación.
La mención de normas morales que hacen encomio de la vida, la libertad y la paz
" Para el hombre quisquilloso toda ofensa, por leve que sea, es grave y puede llevar a la guerra. Para el hombre manso toda falta aunque sea grave y dolorosa puede ser conciliada"49 (Isidro) Chamuuna Epinayuu, palabrero de consejos y disputas menores).
Los palabreros acuden a la Sükua'ipa Wayuu para persuadir a un grupo familiar de llegar a un acuerdo por la vía de la compensación, pero jamás pierden de vista la venganza como opción inmediata si fracasan sus esfuerzos y reiteran en su discurso los horrores de la guerra. Dentro de estas normas ideales se promueve la figura del hombre Wayuu pacífico, cumplidor de las normas de convivencia, que tiene en sus manos la vida y el futuro de mujeres, jóvenes y niños de su familia, en contraste con las del guerrero insensible inclinado siempre a la venganza:
" ¿Por que me han buscado? No van a dañar mi buen nombre. Que no vayan a decir que yo hago pelear a la gente ¿Ustedes creen que pelear es bueno?. ¿Qué verán después de muertos? No importan que Uds. tengan las armas. También ellos tendrán armas. ¿Cuándo se les acabará el estar bravos? ¿Creen que se van a levantar después de eso? ¿Quién ha llegado a tener el pelo blanco?. ¿A quien han visto doblado ya por una joroba que haya aguantado tantas guerras?. No conozco a nadie, no sé sí ustedes. Del plomo fabricado por los alijunas no se salva nadie, está hecho para matar y matarse el mismo. ¿Para que criamos nuestros animales? Para que sobrevivamos a través de ellos. Como los alijuna que tienen dinero cuando se hayan enfermos lo gastan para curarse y viajan a tierras lejanas. Lo mismo ocurre con nuestros animales, ellos nos tienen que salvar la vida. Los animales se hacen nuevamente después que todo pasa, trabajamos, buscamos la manera. Y así todas las cosas. Si no siembras un grano de maíz, éste no germina. Si lo siembras comerás mazorca, tomarás mazamorra. Todo lo que siembres te produce. Lo mismo nuestra alma. Nuestra alma no sabe retornar.
¿Dime como sueñas? ¿Acaso te dicen en sueños: pelea con esa persona? Si sueñas mal lo tienes que evitar. La vida es una mujer de quince de años. Cómprate una buena mula. Busca una mujer joven. Acaso no tienes hijos, no tienes mujer, no tienes sobrinos que tendrán que crecer y andar por los caminos. Piensa en ellos. Llora pues, ahora delante de mí para llorar yo también" (Palabras del pütchipü'ü Angel Amaya Uliana, para convencer al jefe de un grupo familiar ofensor de la conveniencia de otorgar una compensación).
Los palabreros Wayuu censuran en sus intervenciones el alarde de valentía en aquellos hombres caracterizados por su proclividad a la pugna. La paz se muestra vinculada a la libertad de andar desprevenidos por los caminos en tanto que la guerra se asocia con la ineluctable reducción del territorio. 50
"La bravura no es buena, ser guapetón tampoco es bueno. Es bueno saber pagar. Los animales pueden ser remplazados, los animales saben parir, así te queden dos vacas o dos caballos, ellos tendrán hijos algún día, en cambio el estar bravo como tú quieres no es bueno. Cuando hay problemas el camino por donde andamos se torna más angosto, esto no nos permite alejarnos mucho; si nos alejamos y nos encontramos con el enemigo, enseguida, allí pagamos nuestra cuenta. Por eso es bueno pagar siempre, porque pagar es igual a ser libre, puesto que el hombre belicoso ve la tierra reducirse a sus pies."(Ismael Pana: consejos a un hombre que no quiere pagar sino pelear)
La invitación a la riqueza
El valor de la persona se encuentra intrínsecamente relacionado con la posición social de su grupo familiar. La tenencia de ganado desde el siglo XVI introdujo fuertes desigualdades dentro de la sociedad Wayuu las cuales se mantienen hasta hoy. Los matrimonios, velorios y los pagos hechos a otros grupos familiares realizados para reparar la afrenta o lesión causada a un individuo han servido desde el pasado para que estos elementos se redistribuyan a través de circuitos sociales entre todas las unidades políticas que conforman el grupo étnico. Cuando surge una controversia entre un grupo familiar considerado muy rico y otro considerado pobre a causa de un homicidio los últimos expresan con frecuencia "ya que no es posible que devuelvan la vida a nuestro hermano, entréguennos sus riquezas para así compensar nuestro dolor ".
To'olosü palabrero y pariente de José Dolores (Unu'upata Apüshana), quien fue uno de los grandes jefes Wayuu de principios del siglo XX, recurría a este recurso para lograr la paz con un adversario reticente al arreglo:
" Ahora tienes un toro ¿por qué no puedes tener dos?
Te vanaglorias de poseer veinte caballos
¿Por que no tienes cuarenta?
En tu rebaño se encuentran cien ovejas
¿ Por que no tienes doscientas?
En tus manos está la riqueza y la paz51"
(Contado por el anciano Chirringo Jusayuu, del vecindario Wayuu de Ulapa'a)
Otros palabreros invitan a la prosperidad comparando la muerte con la más denigrante pobreza, en contraste con la vida que es considerada la máxima riqueza.
" Con la vida todo lo puedes,
con la muerte nada.
¿Deseas una mujer de quince años? La tendrás
Aunque seas viejo,
al menos podrás acariciarla con las manos.
Aunque seas un hombre flojo,
ya verás como la mantienes.
Aquí están tus sobrinos, tus hermanos menores.
Búscale unos bienes.
No importa que seas rico, tu solo,
tienes parientes pobres,
acuérdate de ellos". 52
(Angel Amaya Uliana, palabras para persuadir a un anciano Wayuu de aceptar una compensación).
EL FRACASO DE LA INTERMEDIACION
Caso 4
En el contorno indígena de Riohacha se encuentra la patria Wayuu de Jeyuma'ana53 en donde residen indígenas del clan Uchalayuu54 dedicados a la cría de ganado. El hombre de mayor prestigio social en ese grupo familiar llamado Carpenta Uchalayuu tiene cerca de 1500 cabras y ovejas más un numero considerable de vacunos y caballares.
Ante los frecuentes hurtos de sus animales, Carpenta ha decidido cercar más de trescientas hectáreas del territorio familiar con el fin de ejercer un mayor control sobre sus rebaños. Sin embargo, los hurtos continúan y su ganado sigue desapareciendo en numero significativo. Carpenta sospecha de un grupo de indígenas pertenecientes al clan Pütsiuyuu, famosos por su carácter pendenciero y su inclinación hacia los bienes ajenos, pero la carencia de testimonios contundentes le impide solicitar formalmente una compensación. Sabe que otros grupos familiares vecinos afectados por la perdida de sus animales han enviado en forma infructuosa a cuatro palabreros en igual numero de oportunidades los cuales han sido rechazados de manera descomedida. Ha decidido dejar las cosas como están para evitar verse envuelto en una grave disputa.
Al día siguiente veinte de sus cabras desaparecen de sus zonas de pasturaje por lo que dos días después decide consultar a sus hijos, sobrinos y hermanos clasificados sobre el camino a seguir. Todos se inclinan a favor de disimular el hurto para mantener la paz de su familia extensa. No obstante, mientras se hallaban reunidos, un niño advierte que varios de los animales hurtados han retornado a los corrales y traen en sus orejas las marcas reconocidas del clan Pütsiuyuu lo cual no solo disipa las dudas sobre los verdaderos culpables sino que se interpreta como una descarada provocación.
Los miembros del clan Uchalayuu deciden enviar la palabra de manera inmediata y comisionan a un pütche'ejechi del clan Ja'yaliyuu el cual va al lugar acompañado de un sobrino suyo y de otros miembros del clan Uchalayuu. Todos los miembros del cortejo van armados. Cuando llegan donde los Pütsiuyuu estos se hallan reunidos entregando los elementos materiales para el pago de una novia Wayuu que un miembro de su clan acaba de tomar como esposa.

El pütche'ejechi de los Uchalayuu interviene ante el jefe tradicional de los Pütsiuyuu solicitando compensación ante el evidente quebrantamiento de las normas sociales Wayuu. Este le responde de manera insolente negando el hecho e invitándoles a proceder como a bien tengan y hace ademán de sacar su arma del cinto. El sobrino del palabrero dispara y da muerte al jefe Pütsiuyuu. Los dos hermanos de este, entre los cuales se encuentra el flamante novio, intentan hacer fuego y caen también por las balas de los Uchalayuu. Una mujer se lanza a cubrir el rostro de sus hermanos tendidos en el suelo, según la costumbre Wayuu, y se desploma gravemente herida sobre una de las víctimas. Al finalizar los disparos hay cuatro miembros del clan Pütsiuyuu muertos en su propio vecindario.
La oficina Gubernamental de Asuntos Indígenas interviene ante la gravedad de los hechos para propiciar un acuerdo dentro de los usos y costumbres indígenas, pero los hombres del clan Uchalayuu se niegan a ofrecer compensación por su actuación. Saben que ante la extrema gravedad de los hechos durante los próximos años el arreglo tradicional tendrá pocas probabilidades de éxito. Los grupos familiares involucrados se encuentran en una relativa situación de equilibrio en hombres y recursos y pueden sostener una cruenta y prolongada guerra. Cada una de las partes trata de romper ese equilibrio involucrando fuerzas externas en su favor. Los Pütsiuyuu a través de sus nexos con miembros de la sociedad nacional colombiana manipulan con relativo éxito a los miembros del Ejercito y la Policía Nacional acantonados en Riohacha para que incursionen en el territorio del grupo contrario. Los Uchalayuu concitan a todos los grupos familiares indígenas vecinos que habían sido afectados por los hurtos y acciones armadas de sus enemigos para que se atrevan a enfrentarse a aquellos creando una especie de liga de familias extensas que abarca a miembros de diferentes clanes.
La invitación que hacen los funcionarios para que se avengan a la paz es rechazada por las partes, conscientes de que la situación hace mas propicia la confrontación que la conciliación. Esta ultima presenta ahora menos ventajas económicas y políticas que los costos materiales y sociales del enfrentamiento armado. Como en otros casos similares en donde ha fracasado la intermediación, las hostilidades entre los disputantes son tan fuertes que sólo pueden ser expresadas a través de la violencia física o del mutuo ostracismo social.
Este caso muestra, como acertadamente lo ha señalado Saler (1988), que no siempre el sistema tradicional logra soluciones rápidas a las disputas intergrupales. Algunas unidades políticas Wayuu conscientes de su superioridad en hombres, armas y recursos económicos pueden negarse a entregar compensaciones a un grupo afectado por las acciones de uno de sus miembros. En ocasiones, es posible que los familiares de las víctimas deban abandonar su territorio familiar ante la amenaza de sufrir nuevas agresiones. No obstante, cuando se produce una situación de tensión entre dos grupos familiares extensos el resto de la sociedad Wayuu sigue con atención el desarrollo de los acontecimientos y, en un papel similar al del coro en la tragedia griega, comenta el desenlace de los hechos, pues estos suelen convertirse en valiosos precedentes sociales que pueden ser utilizados en el futuro. Los palabreros Wayuu alegan que "quien no sabe pagar, no debe cobrar"55 y, por tanto, el grupo familiar que desconoce los mecanismos tradicionales para la regulación de las querellas, y se coloca fuera de las reglas de juego existentes en su cultura, se expone a ser atropellado por otros más poderosos y a no recibir compensación económica cuando uno de sus miembros sea agredido. Ello hace innecesaria la existencia de cuerpos coercitivos para el acatamiento de las normas sociales puesto que, al faltar al cumplimiento de las obligaciones jurídicas, antes que una ruptura en sus relaciones con el individuo - o con el grupo familiar al cual este pertenece- se produce una ruptura en las relaciones con su propia sociedad (Fortes, 1969:89)